De "La Gastronomía de José Soler".

 

 

 

"Libros de Gastronomía".

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Título del libro... y, Autor...

"Afrodita"...

La "Nouvelle Cuisine".

Isabel Allende.

 

"Arte Cisoria ó Tratado del Arte de Cortar del Cuchillo".

Henrique de Aragón, Marqués de Villena.

Año de 1766

 

"Arte de Repostería".

Juan de la Mata.

Año 1786

 

"Carmencita o la Buena Cocinera".

Por doña Eladia M., viuda de Carpinell.

Barcelona 1919.

"Cartilla de Campo".

Pedro Fernández Niño.

Año 1867

 

"Cocina Alicantina".

Antonio Gozález Pomata.

Año 2003

 

"Cocinar con una Pizca de Ciencia".

Joaquín Pérez Conesa.

Año 2003

 

"Cocina Práctica de Cuaresma".

P. L. Lassus.

 

"Cocina Tradicional Alcoyana".

Lorenzo Carbonell Pastor.

Año 2006

 

"Cocina Valenciana".

Lorenzo Millo.

Año 1999

 

 

"Como agua para chocolate".

Laura Esquivel.

 

"El Arte Culinario".

Francisco Figueredo.

Buenos Aires, 1914

 

"El Cocinero Americano".

Ignacio Doménech.

 

"El Cocinero Español y la Perfecta Cocinera"... "Instruidos en el mejor del Arte Culinario de otros países"...

Guillermo Moyano.

Año 1867

 

"El Cocinero Práctico".

Anónimo.

Editorial Saturnino Calleja.

Año 1892

 

"El Cocinero Universal"... o el "Arte de Guisar al Estilo Moderno"...

"Que consiste en preparar los manjares más exquisitos con facilidad y economía"...

A. de Nait (Vindex).

Barcelona 1911

 

"El Confitero Moderno".

José Maillet.

Año 1851

 

"El Consejero Doméstico".

M. M.

Santiago de Chile, 1880

 

El "Gusto"...

Extraído del libro "La Cocina de los Sentidos". Miguel Sánchez Romera.

 

"El Libro de las Familias".

"Novísimo Manual Práctico de la Cocina Española". Editado en 1881 en la librería de Leocadio López... y, en Madrid.

 

"El Libro de las Familias"...

..."Nuevo Manual de Cocina".

Anónimo.

Valparaiso. Año 1882

 

"El Libro de los Guisados, Manjares, y Potajes". "Intitulado" Libro de Cocina.

Ruperto de Nola.

Año 1529

 

"El Libro del Caldero".

Eugenio Martínez Pastor.

Cartagena. Murcia. España...

 

"Els Menjars de les Nostres Mares".

("Las Comidas de Nuestras Madres").

"CIA. Catalans".

"La Vilajoiosa". Provincia de Alicante.

Año 2007

 

"El Practicón".

"Tratado completo de cocina al alcance de todos y aprovechamiento de las sobras".

Ángel Muro Carratalá.

Madrid 1869

 

"Fisiología del Gusto".

Brillat de Savarín.

Año 1825

 

"Gastronomía de Cartagena".

Eugenio Martínez Pastor.

 

"Gastronomía Alicantina. Conduchos de Navidad". José Guardiola y Ortiz.

Primera edición, en el año 1959, por el Excelentísimo Ayuntamiento de Alicante.

Segunda edición, en el año 1972, por don Agatángelo Soler Llorca.

 

"Historia de la Gastronomía".

Néstor Luján.

Año 1991

 

"La Cocina Práctica".

Manuel María Puga

(Alias "Picadillo").

 

 

"La Cocina Tradicional".

Recetario Popular de la Gastronomía de Almoradí.

Editado por el Excelentísimo Ayuntamiento de Almoradí.

Provincia de Alicante.

 

"La Cocina Wok".

Editorial de Vecchi S.A.

 

"La Gran Economía de las Familias".

Arte de Arreglar y Componer lo "Sobrante" de las Comidas de un día para otro.

Dedicado a las clases menos acomodadas, y gentes de poco dinero que gusten de comer bien, gastar poco, y no desperdiciar nada.

Un Gastrónomo Jubilado.

Madrid, 1869

 

"Libro del Arte de Cozina".

Domingo Hernández de Maceras.

Año 1607

 

"Manual del Cocinero, Cocinera, Repostero, Pastelero; confitero, y Botillero...".

Traducido por don Mariano de Rementería y Fica.

 Madrid, 1837

 

"Novísimo Diccionario".

Manual del Arte de Cocina.

Anónimo. 1854

 

"Nuevo Arte de Cocina"... el más completo que ha visto la "luz pública".

Por uno de los mejores autores en el arte.

Barcelona, 1864

 

 

"Nuevo Arte de Cocina"... sacado de la Escuela de la Experiencia.

Juan Altamiras.

Año 1758

 

"Pasteles dulces y salados".

"Les cakes de Sophie".

Sophie Dudemaine.

 

"Tratado de la Conservación de las Sustancias Alimentarias".

Anónimo.

1832

 

"Tratado de las Confituras".

Michel de Nostre-Dame... 

(...Nostradamus).

 

"El Arte del Buen Comer".

Vivian E. Franco de Norrell.

 

"Introducción a la Gastronomía".

Paulina Monroy.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  • "Tablas de Composición de los Alimentos"... Descargas en PDF... Sitio Web "SENBA"... La "Sociedad Española de Nutrición Básica y Aplicada" nace en diciembre de 1992... por iniciativa de un amplio grupo de profesionales de distinta procedencia, unidos por un interés común: "El desarrollo de la Nutrición Humana como ciencia multidisciplinar"...

 

 

 

 

 

 

 

 

  • La "Nutrición Hospitalaria"... Artículo de E. Escudero Álvarez y P. González Sánchez... Unidad de Dietética y Nutrición. Hospital Lafuenfría. Madrid. España... Versión PDF...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Afrodita"... La "Nouvelle Cuisine".

     Autora: Isabel Allende.

      "La última moda culinaria es la "Nouvelle Cuisine", que de nueva tiene poco, porque son los mismos ingredientes de siempre, pero en combinaciones más étnicas, como me la definió un "chef" en Nueva York. Supongo que se refería a la influencia asiática y latinoamericana, ignoradas hasta hace poco en la mayor parte de Europa y Norteamérica. También es más ligera, con menos grasa y calorías, y las porciones son más pequeñas, aunque cuestan más caras porque requieren decoración.

      

        "En los platos muy adornados alguien metió los dedos...", dice mi madre. Si sirviéramos "Nouvelle Cuisine" en casa, daría la deplorable impresión de que no alcanzó la comida. Desconfío de esos restaurantes modernos donde el mozo -un atleta con aros de pirata en las orejas y tatuajes en las manos- se presenta por su nombre de pila y me trata como si yo quisiera venderle una Biblia. Es seguro que allí me servirán "Nouvelle Cuisine". Si no tengo la opción de escapar, me enfrento a un menú exhaustivo, donde cada plato está descrito en el rebuscado lenguaje de un aspirante a crítico literario.

       Por lo general elijo lo más barato, con la esperanza de que sea también lo más simple, pero invariablemente me sirven la creación de un sicótico. Mi humilde pescado viene disfrazado de sombrero y al apartar los flecos de zanahoria, las plumas de apio, los pétalos de flores y el velo de cebolla, queda muy poca trucha. Da lástima desbaratar esa obra de arte y cuando por fin me decido a hincarle el tenedor, todo se desmorona y un rábano en forma de abeja aterriza en mi regazo. Quedo con la sensación de no haber comido suficiente y haber pagado demasiado. No es como los mesones vascos o las taquerías mejicanas, que por un precio discreto aturden por cuatro o cinco días. La "Nouvelle Cuisine" puede ser interesante, pero en lo referente a la comida -y también a los hombres- prefiero sabores más robustos y aspectos más sencillos, como un honesto pescado que no se avergüenza de su desnudez. Eso sí: que esté muerto. Me horrorizan los alimentos que se mueven, por eso evito la gelatina y las ostras, pero ésta es una manía que debo combatir: muchos animales del recetario llegan a la mesa apenas desvanecidos. Una vez, en un restaurante escandinavo, me sirvieron una especie de culebra de mar -anguila, creo que se llamaba la infortunada- que sufrió un breve ataque de epilepsia cuando intenté meterle un cuchillo. Se me escapó un grito y el mozo, quien en ese instante servía el vino, soltó la botella. El ideal es que la comida esté bien muerta, pero que haya superado el "rigor mortis". Y nada con ojos, por favor, aunque estén cerrados. Nada hay tan pavoroso como la mirada suplicante de un animal entero sobre una bandeja. Ya que se han dado el trabajo de asesinarlo ¿por qué no lo decapitan también?...
       Mis objeciones contra los tomates convertidos en rosas, las patatas con apariencia de ruiseñor y otros eufeminismos de la "Nouvelle Cuisine", no significan que me incline por los platos con aspecto de mazamorra de preso, como los del colegio inglés donde adquirí el estómago estoico que me caracteriza, o que prefiera las decoraciones brutales de la cocina popular. Esos cochinillos
asados en España con una manzana en el hocico y un ramito de perejil en el culo, merecen un "réquiem".

       Bastante pecado es matar a los animales... no hay necesidad de humillarlos además...".

 

"Arte Cisoria ó Tratado del Arte de Cortar del Cuchillo", que escrivió don Henrique de Aragón, Marqués de Villena. Año de 1766

      "La da a luz", con licencia del Rey Nuestro Señor, la Biblioteca Real de San Lorenzo del Escorial.

      En Madrid, en la oficina de Antonio Marín. Año de 1766

      Consta de 221 páginas. Y, para su "descarga" es necesario el programa Adobe Acrobat. PDF. Extraído del Blog: Apicius. FMVM.

 

 

 

Arte de Repostería, "en que se contiene todo género de hacer de hacer dulces secos y en líquido".

 

     Autor: Juan de la Mata

     Editado en Madrid, en la oficina de Ramón Ruiz. Año MDCCXCI

      Consta de 208 páginas. Y, para su "descarga" es necesario el programa Adobe Acrobat. PDF. Extraído del Blog: Apicius. FMVM.

 

 

 

 

 

 

"Carmencita o la Buena Cocinera". Por doña Eladia M., viuda de Carpinell. Barcelona 1919.

     "Manual Práctico de Cocina Española, Americana; Francesa, etc. Con multitud de recetas especiales que no se hallan en los tratados escritos hasta el día".

     11ª edición. Librería Casullers. Calle Claris, 15. Barcelona.

     Consta de 301 páginas. Y, para su "descarga" es necesario el programa Adobe Acrobat. PDF. Extraído del Blog: Apicius. FMVM.

 

 

    Una de sus recetas:

 "Bacalao Bobo".

    "Para una libra de bacalao hervido (pero no mucho) se retira del fuego quitando el agua y en la misma cazuela se echan dos yemas de huevo, una jícara (taza) de aceite y ajos machacados al mortero (éstos a gusto de cada uno) se baten bien en la misma tapada hasta que se una todo bien y se sirve.

     El batirlo se hace fuera del fuego...".

 

 

Cartilla de Campo.

 

      Autor: Pedro Fernández Niño.

      Segunda edición aumentada y corregida. Imprenta del "Independiente". Calle de los huérfanos, número 64. En Santiago de Chile, en diciembre de 1867

      Consta de 119 páginas. Y, para su "descarga" es necesario el programa Adobe Acrobat. PDF. Extraído del Blog: Apicius. FMVM.

 

 

 

"Cocina Alicantina".

    Antonio González Pomata. Editorial Everest. S.A.

   "Experto en temas provinciales y destacado conocedor del costumbrismo y la geografía alicantinos, a los que dedicó 30 años de intensa tarea periodística. Antonio González Pomata defiende lo autóctono por su valor cultural y por el interés que despierta entre nosotros y en el turismo internacional que anima el territorio...".

 

 

   "La riqueza culinaria de ésta tierra -opina el autor de "Cocina Alicantina"- es un tesoro cultural que merecen conocer España y el Mundo".

"Cocinar con una Pizca de Ciencia".

    Joaquín Pérez Conesa. IJK editores.

    "Con este libro Joaquín Pérez Conesa introduce al lector en el fantástico mundo de la cocina sistematizada de forma lógica por procesos culinarios. Con un lenguaje sencillo y apropiado v despejando poco a poco el empirismo de la cocina tradicional y explicando el cómo y el por qué de hechos culinarios, al mismo tiempo que aporta soluciones...".

 

"Cocina Práctica de Cuaresma".

   Autor: P. L. Lassus. Fórmula variadas para platos de "Vigilia" y "Colaciones", precedidas de algunas instrucciones sobre el ayuno y abstinencia de las carnes.

   Aprobada por la Autoridad Eclesiástica. Librería de Francisco Puig. Barcelona, 1905

    Consta de 92 páginas. Y, para su "descarga" es necesario el programa Adobe Acrobat. PDF. Extraído del Blog: Apicius. FMVM.

 

"Cocina Tradicional Alcoyana".

   "Autor: Lorenzo Carbonell Pastor. Que nace en Alcoy en 1951. Es licenciado en Medicina por la Universidad de Valencia, ciudad en la que reside desde 1971. El autor sigue considerándose, por encima de todo, alcoyano.

   Aficionado desde siempre a los temas coquinarios, sin duda por influencia materna, hace años que empezó a recopilar las recetas de uso más tradicional en la Gastronomía Alcoyana, apoyado como él dice, por un montón de buenos amigos, y recuperando además, a base de todo tipo de indagaciones, otras casi olvidadas.

   El resultado de este trabajo, que según dice el autor... "...no puede ser exhaustivo, pues en cada hogar se reinterpretan a diario los condumios más tradicionales de nuestro entorno, que por otra parte compartimos en gran medida con toda la Comunidad Valenciana"... es éste libro...".

 

 

   Don Javier Vicedo Manzano, Presidente de la Asociación Provincial de Turismo de L'Alcoià, El Comtat, y la Foia de Castalla, y propietario del restaurante "El Mirador del Cinc" en Alcoy, nos regaló y dedicó un ejemplar de este libro:

   -"Para mi amigo José Soler con mucho gusto de serlo; amante de Alcoy y su Gastronomía".

   Don Javier Vicedo escribe en uno de los "saluda" que aparecen en éste libro:

   "Es para mí un placer el poder dirigirme desde éstas páginas a todas aquellas personas que han adquirido este libro de la Gastronomía Alcoyana ya que hemos querido plasmar toda la riqueza que nos legaron nuestros antepasados y que han hecho de nuestras "tapas", "platos", y postres uno de los "Santuarios Gastronómicos" de nuestra "Comunidad Valenciana"... ¡"Qué disfruten y qué aprovechen!".

 

 

Javier Vicedo es el propietario del Restaurante "El Mirador del Cinc". En la ciudad de Alcoy.

Provincia de Alicante. España.

Teléfonos: 965.54.95.29 / 629.67.71.81

 

   Aquí abajo les mostramos una receta de una "tapa" típica de la Comunidad Valenciana, escrita en el Blog: "La Gastronomía de José Soler"; inspirada en éste libro de Lorenzo Carbonell... pero totalmente modificada....

"Sangueta amb seba" (Sangre "hervida con cebolla sofrita").

   Ingredientes.

  • 250 g de sangre cuajada, y cocida (¡se compra, ya, así!).

  • 1 cebolla grande (pelada; y picada finamente).

  • 1 "poco" de pebrella (denominada así en algunas zonas de la Comunidad Valenciana, no siendo ni más ni menos que la ajedrea, de la que les "hablaremos" a lo largo de ésta Página Web).

  • Un poco de pimentón rojo dulce, y ahumado (de "Murcia", o de "La Vera" en Extremadura. Denominaciones de Origen).

  • 1 "pulgarada" de pimienta negra (recién molida).

  • Sal marina (al gusto).

  • 1 "vaso" de vino blanco (seco).

  • 4 dientes de ajo (pelados; y chafados en un mortero, con un poco de sal gruesa para que no "salten").

  • Perejil fresco (lavado; y picado).

   Elaboración.

   Se trocea la sangre cuajada en "dados"; y se cuece en una cazuela, al fuego, con abundante agua hirviendo y sal gruesa. Una vez cocida, pasamos todo a través de un colador; escurrimos los "dados" de sangre cuajada y hervida; y los reservamos.

   Mientras tanto... en una sartén al fuego, con 1 "poco" de aceite de oliva, vamos sofriendo la cebolla, y la pebrella (ajedrea), junto con el ajo triturado. Cuando la cebolla esté en su "punto"... agregamos el "vaso" de vino blanco, y el pimentón rojo dulce ahumado; además de salpimentar a nuestro gusto. Dejamos que el líquido se vaya reduciendo.

  ¿Cómo servimos este "plato"? Pues... sobre los "dados" de sangre caliente, vertemos el sofrito que acabamos de hacer, y nos lo tomamos como "tapa" (aunque a algunos les parezca una "guarrada" eso de comer sangre coagulada...), acompañado de una buena "caña" de cerveza "de las de barril" espumosa y fresquita, o con la bebida que ustedes quieran...

   Nota del Blog: La "Gastronomía de José Soler"..

   "Hace muy poco tiempo "salió" un libro llamado "Cocina Tradicional Alcoyana" (de la Editorial Tívoli), escrito por Lorenzo Carbonell Pastor, médico nacido en 1951 en Alcoy... y, que vive en Valencia desde que empezó allí en 1971 sus estudios de Medicina. En ese mismo año y promoción, empecé yo también a estudiar esa misma carrera, sólo que yo nací en 1953, y que soy de la ciudad de Alicante... pero "mira por donde" trabajo en el Hospital "Virgen de los Lirios" de Alcoy, en el Servicio de Análisis Clínico, llamado comúnmente "laboratorio" o "laboratori". 

   Y bueno... pues este señor y yo no nos conocemos de nada, pero los dos somos médicos y nos gusta la cocina y su literatura... y es curioso que en la bibliografía de su libro figure el libro de don José Guardiola y Ortiz, llamado "Gastronomía Alicantina. Conduchos de Navidad", editado por mi padre Agatángelo Soler Llorca, en Alicante en 1972... y, ya sólo por esto creo que don Lorenzo tiene bastante buen gusto... ¡Y no es broma!"...

   José Ignacio Agatángelo Soler Díaz.

Cocina Valenciana.

   Autor: Lorenzo Millo. Editorial Everest, 1998.

   "La Academia Española de Gastronomía y la Cofradía de la Buena Mesa acaban de consagrar al autor de este libro. Lorenzo Millo, como el mayor experto actual en la Cocina de la Comunidad Valenciana.

   Cocina Valenciana -que incluye tanto Valencia como Alicante y Castellón- representa la culminación del trabajo de investigación culinaria de Lorenzo Millo. Sus páginas recogen recetas famosas y otras menos conocidas que, por fin, salen a la luz para deleite deleite de todos...".

    Prólogo a los "Arroces y Paellas" valencianos.

   "Según la opinión más generalizada el arroz, muy poco conocido en la Antigüedad Clásica, llegó a España, y concretamente a Valencia, de manos de los árabes, y su cultivo se extendió rápidamente, favorecido por la abundancia de tierras bajas y pantanosas. Los cristianos, cuando conquistaron el Reino, continuaron cosechando esta gramínea, y el arroz fue entrando paulatinamente en la dieta de los valencianos. No fue fácil; en el país eran frecuentes las fiebres llamadas "tercianas" o "cuartanas", según su intensidad, fiebres de origen palúdico, lo que dio lugar a prohibiciones por parte del poder real. Obviamente, hubo resistencia pasiva a las tales prohibiciones, por lo que éstas, a medida que se dejaban de observar, se fueron renovando.

     El arroz, en un principio, sólo se admitía como materia prima para obtener una harina más barata que la del trigo, cereal del que Valencia era deficitaria. Después, comenzó a utilizarse en la cocina; primero, se coció en pucheros o en cazuelas, muchas veces mezclado con leche de almendras o de cabras; más tarde, comenzó a cocerse en caldos de carne, pero casi siempre se presentaba "viudo", y hasta el siglo XVIII no aparecen las primeras referencias escritas sobre la "paella". Ya en el siglo XIX el arroz se comía habitualmente en todas las casas de Valencia, y, por descontado, en la Huerta y en la Rivera, y desde entonces para acá, la cocina del arroz ha ido en progresión, habiéndose multiplicado las formas de elaborar el arroz.

      ¿Cuántas recetas para el arroz hay en la "Cocina Valenciana"? No digo que sería como preguntar ¿cuántas estrellas hay en el firmamento?... Pero se trata de una pregunta parecida. El arroz admite la compañía de cualquier ingrediente; el ingenio de los cocineros no tiene límite; las posibilidades combinatorias son infinitas; por tanto, las formulaciones para el arroz son incontables. No obstante, los arroces tradicionales valencianos pueden agruparse en tres tribus o familias:

  • Arroces guisados o elaborados en un puchero, perol o cacerola de paredes altas, y "boca" más bien reducida.

  • Arroces elaborados o guisados en cazuela o cacerola; es decir, la vasija de "boca ancha", y menor fondo que el puchero. Y en este grupo hay dos secciones. Los que se elaboran en cazuela llana, casi siempre cocidos al horno, y los que se hacen en cazuela honda, sobre fuego directo.

  • Arroces elaborados e un recipiente metálico, como es la sartén ("paella"), de escaso fondo y gran diámetro.

       Las tres formas de cocinar condicionan tres formas distintas de presentación del arroz:

       Los arroces que se guisan en puchero, son siempre "caldosos"; es decir, se presentan sumidos en su caldo de cocción.

      Los arroces que se guisan en cazuela se presentan de dos maneras: Si se utiliza una cazuela llana, son arroces "secos", pues se cuecen al horno. Si se emplea una cazuela honda, los arroces se presentan "melosos", y el líquido de cocción, o lo que reste del mismo, aparece como una emulsión.

     Los que proceden de la sartén ("paella") son "secos"; obviamente, no tanto como los que pasaron por el horno, pero su característica es la "sequedad".

       En consecuencia, lo que en unos arroces es virtud, en otros es un defecto. Por ello, un arroz "amb fesols i naps" ("con judías y nabos") que se elabora en puchero o cacerola de bordes altos, nunca deberá dejarse "seco", y lo mismo ocurre con los arroces confeccionados en una cazuela honda. Por el contrario, un arroz al horno que no aparezca en el plato con sus granos secos y sueltos denota que el cocinero ha actuado deforma precipitada, y no le ha dado al arroz el obligado "reposo". Mucho peor es cuando se trata de las "paellas"; los granos han de quedar "secos", aunque con un delicado punto de "melosidad", y sueltos. José María Pemán, en poema que dedicó a la "paella", lo dijo de forma clarividente y sagaz:

 

¡Oh plato liberal!

Donde un grano es un grano.

Como un hombre es un voto.

 

      La paella exige, de forma imperiosa, el recipiente que la caracteriza; quien utilice otro, verbigracia, una olla de cualquier clase, podrá conseguir un arroz sabroso, pues ello depende de los ingredientes que le acompañan, pero nunca el plato denominado "paella valenciana"; como mucho podrá designarse "cataplasma valenciana".

      Respecto a las técnicas culinarias seguidas para cocinar el arroz también se puede llegar a una síntesis: hay dos caminos y una vereda. Uno de los caminos es el de la "simple cocción"; es decir, la de sumir los ingredientes, arroz y sus acompañantes, en un medio líquido y dejar que se produzca aquella transmisión de sabores de éste a aquéllos, y de aquéllos a éste. Es un camino que siguen los menos de los arroces, y es característico de los "caldosos".

      La inmensa mayoría de los arroces valencianos, independientemente del recipiente en el que se elaboran, sigue siendo el otro camino: la "técnica del sofrito". Se trata de una forma de cocinar común a toda la costa del Mediterráneo occidental y en la que el aceite es imprescindible; consiste en "sofreír", que no en "freír" diferentes elementos mezclados entre sí, hasta conseguir una especie de emulsión o salsa. A este sofrito inicial se le añade un líquido de cocción, agua o caldo obtenido por la cocción de otros elementos cárnicos, pescados o vegetales, y el sofrito se diluye en ese líquido para darle sustancia. Cierto tiempo después se agrega el ingrediente principal, en este caso el arroz, que cuece en ese medio líquido y se impregna de esas sustancias que recibió el sofrito.

       La vereda a la que me refería, es la que siguen algunos arroces, casi siempre advenedizos, en los que el procedimiento es algo distinto, y por cierto muy practicado en Italia: los arroces se cuecen por separado y prácticamente en solitario, el sofrito y la salsa se confeccionan aparte, y en el último momento, poco ates del servicio, la salsa se derrama sobre el arroz cocido.

        Innecesaria es la advertencia de que en la "cocina popular" se sigue siempre la "técnica del sofrito", que da lugar a arroces más sustanciosos e, indefectiblemente, de más lenta digestión. Los que siguen la "vereda" son arroces de la cocina ciudadana o burguesa, e, indudablemente más ligeros.

       En cuanto a los ingredientes, se podría decir que cualquiera puede acompañar al arroz. Como mucho, en los "arroces sofritos", se podrá afirmar que el aceite no puede faltar; todos los demás productos, sea cual sea su procedencia, son optativos.

       No obstante, ha una tradición culinaria valenciana. hay arroces que tienen nombre, apellidos, e identificación propia, por ello se hallan condicionados a la presencia de determinados ingredientes; de modo y manera que si se suprimiera o se cambiara alguno de los que le caracterizan, ese arroz perdería "sus señas de identidad", y no sería reconocido ni por los cocineros, ni por los comensales...".

 

 

 

"Como agua para chocolate"... "Codornices en pétalos de rosa"...

      Autor: Laura Esquivel.

Ingredientes.

  • 12 rosas, de preferencia rojas.

  • 12 castañas.

  • Dos cucharadas de mantequilla.

  • Dos cucharadas de fécula de maíz.

  • Dos gotas de esencia de rosas.

  • Dos cucharadas de anís.

  • Dos cucharadas de miel.

  • Dos ajos.

  • 6 codornices.

  • 1 pithaya (cactus: Hylocereus spp. Britton et Rose).

Manera de hacerse.

     "Se desprenden con mucho cuidado los pétalos de las rosas, procurando no pincharse los dedos, pues aparte de que es muy doloroso (el "piquete"), los pétalos pueden quedar impregnados de sangre y esto, aparte de alterar el sabor del platillo, puede provocar reacciones químicas, por demás peligrosas.
     Pero Tita era incapaz de recordar este pequeño detalle ante la intensa emoción que experimentaba al recibir un ramo de rosas, de manos de Pedro.  Era la primera emoción profunda que sentía desde el día de la boda de su hermana, cuando escuchó la declaración del amor que Pedro sentía por ella y que trataba de ocultar a los ojos de los demás.  Mamá Elena, con esa rapidez y agudeza de pensamiento que tenía, sospechaba lo que podría pasar si Pedro y Tita tenían oportunidad de estar a solas.  Por tanto, haciendo gala de asombrosas artes de prestidigitación, hasta ahora, se les había ingeniado de maravilla para "ocultar al uno de los ojos y el alcance del otro".  Pero se le escapó un minúsculo detalle: a la muerte de Nacha, Tita era entre todas las mujeres de la casa la más capacitada para ocupar el puesto vacante de la cocina, y ahí escapaban de su riguroso control los sabores, los olores, las texturas y lo que éstas pudieran provocar.
     Tita era el último eslabón de una cadena de cocineras que desde la "época prehispánica" se habían transmitido los secretos de la cocina de generación en generación y estaba considerada como la mejor exponente de este maravilloso arte, el "arte culinario".  Por tanto su nombramiento como cocinera oficial del rancho fue muy bien recibido por todo el mundo. Tita aceptó el cargo con agrado, a pesar de la pena que sentía por la ausencia de Nacha.
     Esta lamentable muerte tenía a Tita en un estado de depresión muy grande.  Nacha, al morir, la había dejado muy sola.  Era como si hubiera muerto su verdadera madre.  Pedro, tratando de ayudarla a salir adelante, pensó que sería un buen detalle llevarle un ramo de rosas al cumplir su primer año como cocinera del rancho.  Pero Rosaura -que esperaba su primer hijo- no opinó lo mismo, y en cuanto lo vio entrar con el ramo en las manos y dárselo a Tita en vez de a ella, abandonó la sala presa de un ataque de llanto.
     Mamá Elena, con sólo una mirada, le ordenó a Tita salir de la sala y deshacerse de las rosas.  Pedro se dio cuenta de su osadía bastante tarde.  Pero Mamá Elena, lanzándole la mirada correspondiente, le hizo saber que aún podía reparar el daño causado.  Así que, pidiendo una disculpa, salió en busca de Rosaura.  Tita apretaba las rosas con tal fuerza contra su pecho que, cuando llegó a la cocina, las rosas, que en un principio eran de color rosado, ya se habían vuelto rojas por la sangre de las manos y el pecho de Tita.  Tenía que pensar rápidamente qué hacer con ellas.  ¡Estaban tan hermosas!  No era posible tirarlas a la basura, en primera porque nunca antes había recibido flores y en segunda porque se las había dado Pedro.  De pronto escuchó claramente la voz de Nacha, dictándole al oído una receta prehispánica donde se utilizaban pétalos de rosa.  Tita la tenía medio olvidada, pues para hacerla se necesitaban faisanes y en el rancho nunca se habían dedicado a criar ese tipo de aves.
     Lo único que tenían en ese momento era codornices, así que decidió alterar la receta, con tal de utilizar las flores. 
     Sin pensarlo más salió al patio y se dedicó a perseguir codornices.  Después de atrapar a seis de ellas las metió a la cocina y se dispuso a matarlas, lo cual no le era nada fácil después de haberlas cuidado y alimentado por tanto tiempo.
     Tomando una gran respiración, agarró a la primera y le retorció el pescuezo como había visto a Nacha hacerlo tantas veces, Pero con tan poca fuerza que la pobre codorniz no murió, sino que se fue quejando lastimeramente por toda la cocina, con la cabeza colgando de lado.  ¡Esta imagen la horrorizó!  Comprendió que no se podía ser débil en esto de la matada: o se hacía con firmeza o sólo se causaba gran dolor.  En ese momento pensó en lo bueno que sería tener la fuerza de Mamá Elena.  Ella mataba así, de tajo, sin piedad.  Bueno, aunque pensándolo bien, no.  Con ella había una excepción, la había empezado a matar desde niña, poco a poquito, y aún no le daba el golpe final.  La boda de Pedro con Rosaura la había dejado como a la codorniz, con la cabeza y el alma fracturada, y antes de permitir que la codorniz sintiera los mismos dolores que ella, en un acto de piedad, con gran decisión, rápidamente la ultimó.  Con las demás todo fue más fácil.  Sólo trataba de imaginar que cada una de las codornices tenía atorado un huevo tibio en el buche y que ella piadosamente las liberaba de ese martirio dándoles un buen torzón.  Cuando niña, muchas veces deseó morir antes que desayunar el consabido y obligatorio huevo tibio (
"pasados por agua").  Mamá Elena la obligaba a comerlo.  Ella sentía que el esófago se le cerraba fuerte, muy fuerte, incapaz de poder deglutir alimento alguno, hasta que su madre le propinaba un coscorrón que tenía el efecto milagroso de desbaratarle el nudo en la garganta, por la que entonces se deslizaba el huevo sin ningún problema.  Ahora se sentía más tranquila y los siguientes pasos los realizó con gran destreza.


     Tal parecía que era la misma Nacha la que en el cuerpo de Tita realizaba todas estas actividades: desplumar las aves en seco, sacarles las vísceras, y ponerlas a freír.
     Después de desplumadas y vaciadas las codornices, se les recogen y atan las patas, para que conserven una posición graciosa mientras se ponen a dorar en la mantequilla, espolvoreadas con pimienta y sal al gusto.
     Es importante que se desplume a las codornices en seco, pues el sumergirlas en agua hirviendo altera el sabor de la carne.  Este es uno de los innumerables secretos de la cocina que sólo se adquieren con la práctica.  Como Rosaura no había querido participar de las actividades culinarias desde que se quemó las manos en el comal (
en México... disco de barro cocido que se coloca sobres tres piedras -tenemascles, triates, trébedes...- entre las cuales se prende un fuego de carbón o leña), lógicamente ignoraba éste y muchos otros conocimientos gastronómicos.  Sin embargo, quién sabe si por querer impresionar a Pedro, su esposo, o por querer establecer una competencia con Tita en sus terrenos, en una ocasión intentó cocinar.  Cuando Tita amablemente quiso darle algunos consejos, Rosaura se molestó enormemente y le pidió que la dejara sola en la cocina.
     Obviamente el arroz se le batió, la carne se le saló y el postre se le quemó.  Nadie en la mesa atrevió a mostrar ningún gesto de desagrado, pues Mamá Elena a manera de sugerencia había comentado:
     -Es la primera vez que Rosaura cocina y opino que no lo hizo tan mal.  ¿Qué opina usted, Pedro?
     Pedro, haciendo un soberano esfuerzo, respondió sin ánimo de lastimar a su esposa.
     -No, para ser la primera vez no está tan mal.
     Por supuesto esa tarde toda la familia se enfermó del estómago.
     Fue una verdadera tragedia, claro que no tanta como la que se suscitó en el rancho ese día.  La fusión de la sangre de Tita con los pétalos de las rosas que Pedro le había regalado resultó ser de lo más explosiva.
     Cuando se sentaron a la mesa había un ambiente ligeramente tenso, pero no pasó a mayores hasta que se sirvieron las codornices.  Pedro, no contento con haber provocado los celos de su esposa, sin poderse contener, al saborear el primer bocado del platillo, exclamó, cerrando los ojos con verdadera lujuria.
     -¡Este es un placer de los dioses!
     Mamá Elena, aunque reconocía que se trataba de un guiso verdaderamente exquisito, molesta por el comentario dijo:
     -Tiene demasiada sal.
     Rosaura, pretextando náuseas y mareos, no pudo comer más que tres bocados.  En cambio a Gertrudis algo raro le pasó.
     Parecía que el alimento que estaba ingiriendo producía en ella un efecto afrodisíaco pues empezó a sentir que un intenso calor le invadía las piernas.  Un cosquilleo en el centro de su cuerpo no la dejaba estar correctamente sentada en su silla.  Empezó a sudar y a imaginar qué se sentiría ir sentada a lomo de un caballo, abrazada por un villista, uno de esos que había visto una semana antes entrando a la plaza del pueblo, oliendo a sudor, a tierra, a amaneceres de peligro e incertidumbre, a vida y a muerte.  Ella iba al mercado en compañía de Chencha la sirvienta, cuando lo vio entrar por la calle principal de Piedras Negras (
la "Puerta de México"), venía al frente de todos, obviamente capitaneando a la tropa.  Sus miradas se encontraron y lo que vio en los ojos de él la hizo temblar.  Lo vio muchas noches junto al fuego deseando la compañía de una mujer a la cual pudiera besar, una mujer a la que pudiera abrazar, una mujer . . como ella.  Sacó su pañuelo y trató de que junto con el sudor se fueran de su mente todos esos pensamientos pecaminosos.
     Pero era inútil, algo extraño le pasaba.  Trató de buscar apoyo en Tita pero ella estaba ausente, su cuerpo estaba sobre la silla, sentado, y muy correctamente, por cierto, pero no había ningún signo de vida en sus ojos. Tal parecía que en un extraño fenómeno de alquimia su ser se había disuelto en la salsa de las rosas, en el cuerpo de las codornices, en el vino y en cada uno de los olores de la comida.  De esta manera penetraba en el cuerpo de Pedro, voluptuosa, aromática, calurosa, completamente sensual. 
     Parecía que habían descubierto un código nuevo de comunicación en el que Tita era la emisora, Pedro el receptor, y Gertrudis la afortunada en quien se sintiera esta singular relación sexual, a través de la comida.
     Pedro no opuso resistencia, la dejó entrar hasta el último rincón de su ser sin poder quitarse la vista el uno del otro.  Le dijo:
     -Nunca había probado algo tan exquisito, muchas gracias.
     Es que verdaderamente este platillo es delicioso.  Las rosas le proporcionan un sabor de lo más refinado.
     Ya que se tienen los pétalos deshojados se muelen en el
molcajete junto con el anís.  Por separado, las castañas se ponen a dorar en el comal, se descascaran y se cuecen en agua. Después, se hacen puré.  Los ajos se pican finamente y se doran en la mantequilla; cuando están acitronados, se les agregan el puré de castañas, la pithaya (un cactus) molida, la miel, los pétalos de rosa y sal al gusto. Para que espese un poco la salsa se le pueden añadir dos cucharaditas de fécula de maíz. Por último, se pasa por un tamiz y se le agregan sólo dos gotas de esencia de rosas, no más, pues se corre el peligro de que quede muy olorosa y pasada de sabor. En cuanto está sazonada se retira del fuego. Las codornices sólo se sumergen durante diez minutos en esta salsa para que se impregnen de sabor y se sacan.
     El aroma de la esencia de rosas es tan penetrante que el molcajete (
mortero, almirez...) que se utilizaba para moler los pétalos quedaba impregnada por varios días.
     La encargada de lavarlo junto con los demás trastes que se utilizaban en la cocina era Gertrudis. Esta labor la realizaba después de comer, en el patio, pues aprovechaba para echar a los animales la comida que había